
Las compañías estarán contentas de negociar en el Perú con alguno de sus 56 pueblos amazónicos y no con un Estado nacional, por débil que sea.
LA SONRISA DE CRISTOBAL COLON
Por Andrés Soliz Rada
El 11 de junio último, a las 8 y 15 horas, la red de emisoras
indigenistas ALER–Contacto Sur, que se difunde en Bolivia a través de
ERBOL, informó que pueblos de la selva peruana planteaban que la
Amazonía fuera declarada “Patrimonio de la Humanidad”.
El anuncio, que esperemos sea una voz aislada, es, sin embargo, una advertencia de lo que podría convertirse en la victoria final del eurocentrismo sobre el frustrado proyecto bolivariano, repudiado también por el retrógrado vicepresidente del Congreso de Perú, Álvaro Gutiérrez.
Declarar a la Amazonía “Patrimonio de la Humanidad”, la mayor reserva
de biodiversidad del planeta, con sus 360 millones de hectáreas,
surcado por el río más grande del mundo, cuya dimensión es similar a
la que separa Nueva York de Berlín, es el sueño más ambicioso de los
centros de poder mundial.
El 15 de junio, la misma fuente hizo saber que el Presidente de la
Asamblea del Pueblo Guaraní (APG), Wilson Changaray, está realizando
gestiones ante el BID, las que se hallarían bien encaminadas, para que
los guaraníes exploten en su beneficio las reservas de gas y petróleo
del Chaco boliviano, donde se hallan los mega campos de hidrocarburos
del país. Cabe recordar que el BID impulsó en los noventas la
privatización de las reservas de gas y petróleo.
Es verdad que la Asociación Interétnica de la Selva Peruana rechaza
los Tratados de Libre Comercio (TLC), suscritos por Alan García,
demanda el retiro de empresas mineras, petroleras y forestales
foráneas que operan en suelo peruano; sin embargo, estas consignas son
coyunturales, ya que, a corto o mediano plazo, las compañías estarán
contentas de negociar en el Perú con alguno de sus 56 pueblos
amazónicos y no con un Estado nacional, por sumiso que sea.
La historia enseña, y no hay un ejemplo que lo desmienta, que el
poderío de las naciones sólo puede ser enfrentado con otras naciones.
A manera de ejemplo, las potencias vencedoras en la Primera Guerra
Mundial se vieron amenazadas por los países derrotados después que
estos lograron reconstituir su poderío nacional, económico y militar.
Sólo una América morena unida e integrada por países soberanos y que
controlan sus recursos estratégicos, puede retener sus excedentes y
definir después si quiere estructurar sociedades socialistas,
ecologistas, comunitarias o autogestionarias.
Son los Estados nacionales, en función de sus propias realidades y en
ejercicio de su autodeterminación, los que deben definir las formas de
rescatar las culturas de sus pueblos precolombinos y las maneras de
enriquecerse y desarrollarse con los aportes de sus idiomas,
cosmovisiones y costumbres y no a través de convenios foráneos. Pensar
que débiles poblaciones indígenas pueden detener el dominio
imperialista es una falacia.
En nuestra América, las ONG y los indigenismos a ultranza están
empeñados en cumplir el convenio 169 de la OIT, convertido en obra
maestra de consultores daneses, destinado a aniquilar a los Estados
nacionales, para beneplácito de oligarquías separatistas que operan en
el oriente boliviano, en Zulia en Venezuela y en Guayaquil en Ecuador.
Su habilidad ha consistido en enfrentar a muerte a indígenas y
mestizos, que son la base de nuestros Estados in constituidos.
Mientras ello ocurre, la Unión Europea se cohesiona cada vez más, EEUU
fortalece su unidad interna, y China y la India respetan su pluralidad
idiomática y su interculturalidad sin destruir su articulación
interna. Lo ocurrido hasta ahora, permite imaginar a un sonriente
Cristóbal Colón, quien, desde sus estatuas parece portar un mapamundi
en el que Indo América es desgarrada, aún más, por transnacionales y
el indigenismo a ultranza.
ASR/
NOTA DE LA NAC&POP: Andrés Soliz plantea aquí una tesis inquietante: que las poblaciones amazónicas del Perú no se hayan enfrentado a Alan García en defensa de la soberanía peruana ("coyuntural") sino para negociar independientemente, en el futuro, como "nación indígena", con las empresas de las naciones imperialistas. El peligro no es menor, y el punto de vista merece atención. Curiosamente, además, Andrés nos recuerda (y cae justo cuando en nuestra lista estamos planteando la necesidad de reivindicar el 12 de octubre como día fundante de la identidad cultural, social y política de los americanos del Sur) el _otro_ aspecto de la gesta colombina, el del capitalismo comercial mediterráneo, cuya asfixia por parte de la aristocracia castellana no debe hacernos olvidar de sus objetivos generales: el diezmo de las poblaciones americanas en procura del oro que necesitaba saquear el constreñido capitalismo europeo en general. Líneas cargadas de sentido, merecedoras de lectura atenta y debate fraternal. NÉSTOR GOROJOVSKY/ R-P/ NAC&POP <nmgoro@gmail.com>

